Los primeros tcacones
Para ser una jovencita, los tacones eran imprescindibles. En la plaza de la iglesia del barrio, alguien dejó constancia de ese estreno, y cómo no, el bolso. Aunque la imagen me devuelve una niña de rostro inocente y actitud insegura, como buscando la pose que la haga parecer lo que no es. Quince años, sólo quince años. Pîenso en las adolescentes de ahora, su vestuario, su postura física, su desparpajo y descaro. Nada que ver. Mitad control materno, mitad el propio autocontrol. Nunca necesité las prohibiciones porque dentro de mí estaba la voz de la honestidad y la posibilidad de caer, de sucumbir a los deseos, a las fantasías inalcanzables y peligrosas.
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