Tres angelitos... niños buenos a los que su madre quería hacer la foto de fiesta, aprovechando los trajes de comunión ya arreglados. Él con la chaqueta de general, con botonera de oro y cruzada; ella sin los volantes que alargaban su vestido de princesa, pero con el mismo cancán de ese día, que levanta la falda, y pretende hacerla más vaporosa, como era moda en la época. Las piernas flacas de niña que come lo justo y hace mucho ejercicio subiendo y bajando el terrero. El corte de pelo le sienta bien y seguro que estaba recién hecho. Ya no tendrá que luchar contra su melena rojiza y encrespada, resistente a cualquier peinado que no sea recogido. La foto está tomada en pleno verano, eso está claro; o quizás en el dia del Corpus, que se celebraba mucho y los niños se vestían de gala. Y eso sí, todos deslumbrados, por el sol abrasador del verano. Puede calcular la edad mirando a su hermana pequeña, que ya apuntaba maneras... pizpireta, mirando de lado, y no a la cámara como sus hermanos. No más de dos años. Han pasado casi sesenta entre el blanco y negro de la imagen familiar y esta otra en color, junto a su compañera del Ateneo.(1959-2017) El ramo de flores, la sonrisa... Es un día feliz y extraordinario. Acaba de presentar un libro. Es el broche de oro a un sueño que lleva años alimentando en silencio: dejar escrita una experiencia personal, pero también colectiva: la emigración.

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